martes, 26 de febrero de 2013

Último acto


Se abre el telón, aparece el tercer acto de tu historia.
Piel demacrada, lágrimas; no es un cuento para niños. Se suponía que iba a tener un final feliz, pero esta historia ni siquiera tiene un principio. Cuánta tristeza, mi pobre niña: han elegido una jarra vacía de promesas antes que tu ahora marchito encanto. Has probado el dulce sabor de lo que ahora te envenena y no sabes qué has hecho mal. Has pasado la vida creyendo que eras como el héroe de tus historias y, además del nombre, compartís errores.
Seguro que no eres lo bastante buena, o quizá lo eres demasiado. Nunca habías arriesgado todo por nada y que el azar te devolviese una dosis de realidad en forma de puñalada directa al corazón. De sol a sol, tu historia termina igual que empezó pero distinto: tú ahora lloras y sigues recibiendo indiferencia.
Sabes que tu huella se borrará en un segundo, pero tú estás marcada a fuego. Has arriesgado para no tener ahora nada por dar tanto como para quedarte con las manos vacías.
Enhorabuena, una vez más te has equivocado, y de errores se aprende, así que de los errores aprenderás. Asimilarás la lección de cómo decir adiós cuando se ama con locura; sabrás ver cómo eso no es suficiente para nadie. Los corazones son de usar y tirar como los cuerpos, y con un pisotón se hacen añicos.
Niña, coge los trozos que te queden y guárdalos bajo llave en un lugar donde ya nadie los encuentre jamás, pues no se merece ni lo extraordinario el jugar a recomponerlo. Elegiste mal, jugaste bien; la banca, como siempre, gana.
Pero eso no es nada. Tú has luchado con los mayores temores, has recompuesto mil veces tus sonrisas, te has entregado cuando creías que estabas muerta por dentro, has dejado ver un trocito de cielo en tu ahora deshecha sonrisa. 
Y no sabes por qué.
Se cierra el telón. No sabes por qué, pero no han sabido apreciarlo. Éste es el final sin segundas partes: gracias a los que produjeron la primera: fue breve, pero preciosa.
FIN

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