sábado, 3 de abril de 2010

Buscando un sueño

[...] -Y no se equivoque. Yo no quería un cuento de hadas como los que plasman en las películas.
-Querida, todas las chicas desean eso: un amor que las abrace, las quiera, les preste atención, mueran y vivan por ellas y les diga lo especiales que son. Es ley de vida, ¿acaso tú no sigues esa ley?
-No. Y no quiero eso. Ni siquiera algo que se acercase lo más mínimo. En realidad eso va en contra de mis verdaderas ambiciones.
-Vaya, vaya...
-No pretendo un "cariño" cada vez que se dirijan a mí, ni tampoco un trato preferente, como si ocupase el puesto V.I.P en la vida de una persona cuando hacía horas no me sentase ni en la butaca más barata. En verdad me resulta agobiante y casi espeluznante una llamada cada cinco minutos o un interrogatorio constante cada vez que hiciese o decidiese algo: no quiero dejar de ser una persona para convertirme en una y media.
-Ante todo, independencia.
-Ante todo, respirar.
-Estoy descubriendo que eres bastante diferente a lo que aparentas. Creía que eras romántica, cariñosa y de las que halagan o regalan los oídos.
-No soy romántica. No soy cariñosa. No soy de las que halagan o regalan los oídos, sino más bien lo opuesto. Fíjese, si incluso dicen que no he dado un beso auténtico en toda mi existencia... supongo que eso lo dice todo. Me gusta desconectar, huir, perderme, saber que alguien piensa en mí y que con eso me baste. Quiero una mirada que sepa qué pienso y que sea capaz de apreciar lo que puedo ofrecer sin pruebas ni canjeos.
-Buscas, pues, una quimera. Un amor que no te ame o al menos que no puedas etiquetar como tal... No buscas nada pero te engañas creyendo que lo buscas todo... y eso hará que no encuentres nada, excepto desengaño.
-No se equivoque de nuevo, querido amigo.
-¿Entonces no buscas a nadie sumamente especial?
-Yo buscaba (y no hablo en presente por el desencanto habitual) esencias y no presencias. Una conversación interesante, una anécdota divertida, un momento con el que puedas ir a dormir pensando que no podía ser más maravilloso. Una risa, una sonrisa, una simple curvatura de labios sincera. No deseo oír "te quiero" cuando lo dicte el protocolo, sino cuando salga del alma y ya las cuerdas vocales lo pronuncien por sí mismas solo para poner un nombre a lo que se siente. Yo quería a nadie especial, solo a alguien capaz de mantener un silencio y de darme un beso de vez en cuando. Pero, supongo, que es mucho pedir.
-Eso te pasa, pequeña, por no querer las mismas cosas que todo el mundo: las peculiaridades son mucho más difíciles de encontrar. Tú buscas un sueño, y los sueños nunca van a corresponderte. [...]

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