jueves, 11 de marzo de 2010

Tu incógnita

Me estás mirando. Maldita incertidumbre.
No sé lo que estás pensando, solo puedo adivinarlo, imaginarlo, fantasear con ello. Pongo en tu mente voces de pensamientos que ideé para ti, pero solo son un reflejo de mis deseos más profundos. Y, según el guión que te escribí letra a letra mientras me perdía absorta en tus iris en mitad de tus largos silencios, tú me devuelves la mirada con un sin fin de incógnitas.
Sonrío para mí cuando bajas la vista. No tienes ni idea de nada, pero crees que lo sabes todo; menos aún sabes algo sobre mí. Por eso tienes miedo, por eso bajas la vista y te haces el interesante, como si pensases en otra cosa pese a que en verdad intentas disimular. Te cubres con tu opaco manto de dureza para no dejar que se transparente un ápice de debilidad.
En realidad estás pensando que ojalá no existiese una barrera invisible pero inquebrantable, que ojalá no tuvieses que resolver miles de enigmas para estar seguro. Viniste cargado de decisión, como todas las veces que habías hecho esto antes con caras y nombres diferentes, creyendo que era el momento... pero, de repente, te asalta el pánico. "¿Y si no es ella? ¿Y si tras ese rostro angelical y esos oscuros ojos se esconde una desconocida que solo me traerá dolor? ¿Y si caigo en el error de dejarme llevar?"
Sonrío de nuevo. Tu valentía se evapora por segundos, y puedo verla esfumarse, escapando por las rendijas de la ventana para unirse a la corriente de fracasos que recorre el mundo. Mi guión dice que ahora despegas los labios y pronuncias solo dos palabras, pero sigues bajando la mirada, en silencio, perdido en las ondulaciones de tu taza humeante como si en ellas pudieses leer la respuesta que buscas. No te das cuenta de que estás perdiendo la que puede ser tu única oportunidad por mucho que pienses que quedan más asaltos.
Mi sonrisa se acentúa, aunque tú no lo entiendas. Algún día volverás atrás en tus recuerdos hasta este instante, y entonces desearás haber seguido mi guión, pues tenía un buen final, uno de esos "finales felices". Pero has elegido escribir tu propia escena, donde yo soy tu incógnita y tú el aficionado que no la puede despejar en la ecuación. Hasta ese momento, continúa mirando al infinito, temeroso de mis pupilas a las que no te atreves a enfrentarte y que guardan tantos secretos para ti.
Algún día serás valiente y dirás esas dos palabras, pues con solo dos habrías resuelto todo.

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