miércoles, 3 de julio de 2013

Nueva Novela

Tal y como ya venía anunciando... ¡mi sexta novela ha visto la luz! Se encuentra registrada bajo el nombre de "El Cazador de la Lluvia" y está a la búsqueda de una oportunidad de ver la luz, pero, mientras el milagro ocurre, aquí os dejo un pequeño fragmento de su contenido para que podáis disfrutar un pedacito de lo que guarda. En concreto, es el final de una historia que desencadena el principio de aquella que se desarrolla en la obra...


¿Qué es la vida sino una sucesión de momentos entrelazados por miles de hilos, sin principio ni final? ¿Merece la pena que esos instantes, por banales y efímeros que sean, se cuenten y lancen al mundo para que alguien los recoja? ¿Podría enviar un grito mudo al infinito y alguien lo escucharía desde aquí, desde el paraíso de los nuevos hombres?
Nunca tuve respuesta a tales preguntas, pero las cuestiones en sí mismas fueron suficientes para que sacase de mi bolsillo aquel diario que había permanecido junto a mí como mi posesión más preciada desde el día en el que el cielo ardió en llamas y mi mundo se destruyó con su fuego. Con los dedos llenos de sangre por las heridas, usé mi propio dolor para plasmar con mis yemas ensangrentadas las palabras que estás leyendo ahora para que alguien pudiese entender por qué había llegado hasta aquí.

O no. Puede que fuera simplemente que necesitaba buscar una excusa para que mi conciencia no me martirizase en mis últimos momentos de vida. O puede ser que quisiese un perdón por parte de alguien, fuese quien fuese y estuviese donde estuviera.
Con pulso tembloroso, escribí mi primera frase. Y después la siguiente. Y todos los recuerdos de lo que había querido olvidar regresaron con más fuerza y vergüenza que nunca, recordándome que no fui un gran hombre cuya historia debiese perdurar, pero quizá sea el último que se acuerde de todo lo que dejamos atrás y que es preciso que recordemos para no repetir.
En estos momentos, mi enemigo está corriendo en pos de su salvación y sus sueños y yo estoy formando palabras con mi sangre, la cual no deja de brotar a borbotones desde los tres orificios abiertos en mi cuerpo. No sé si algún día llegará a cumplir su venganza de someter al mundo con sus conocimientos, ni sé si al final dará conmigo y será él quien lea estas palabras. Mi tiempo es limitado, el suficiente para recordar pero no el bastante como para imaginar un futuro que no existe para mí.
Ojalá no haya triunfado. Ojalá todo haya desaparecido y estemos  muertos, nutriendo una tierra quemada que nosotros mismos destruimos. La humanidad se merece desaparecer si su alternativa es subyugarse bajo la ambición de mi enemigo y sus ideas irrealizables; la humanidad merece desaparecer de cualquier forma por ser culpable de todo.
Los humanos sólo servimos para contar historias. Y, ahora, termina la mía...

Espero que os haya gustado ;)

lunes, 10 de junio de 2013

Carta a Lina

Mi querida Lina:
Desde la más sincera humildad y porque te aprecio de veras, escribo este manifiesto como un consejo que he aprendido de la peor forma posible con la esperanza de que halles algo de verdad en mis palabras. No son palabras desesperadas, ni tampoco sermones, Lina; son experiencias que desgrano para ti, para que tu existencia sea más sencilla de lo que ha sido la mía. No pienses mal: la vida es un regalo maravilloso... pero, como todo presente, puede romperse si juegas a estrellarlo contra el suelo.
Quiero decirte, querida mía, que hay mil cosas que pueden salir mal, hay mil personas que pueden salir y entrar, pero lo único que va a prevalecer eres tú misma y lo que pienses sobre ti. Tú eres la persona más importante de tu vida por mucho que creas que puedes anteponer a otros seres en un momento dado. Habrá quien te haga pensar que estás cometiendo errores o verdaderas atrocidades sin ser más que su opinión, y puedes escucharlos si quieres, pero quien finalmente vivirá con ello serás tú, por lo que debes hacer lo que consideres mejor para la convivencia con tu propia conciencia. También habrá buenos amigos que, aunque te equivoques, nunca te juzgarán; ellos son el ejemplo de lo que debes hacer. 
Con todo, Lina, si no existe nadie así, no te preocupes: alguien más sabio que yo dijo una vez que la soledad es la suerte de los espíritus excelentes.
Por desgracia, en esta sociedad las mujeres como tú tienen un rol muy definido, y si habláis sin tapujos y sobre todos los temas, sois descaradas, malhabladas y vulgares. Oh, Lina, las personas son capaces de escandalizarse con muy poco, y no esperan nunca que las peores palabras y las realidades más crudas y auténticas salgan de los perfectos labios carmesíes de una niña de rostro inocente. Te tacharán de cosas que no esperarás por creer firmemente en tus ideas, por defenderlas con argumentos sólidos y bien construidos, porque te dirán con la cabeza bien alta que las chiquillas como tú no deberían tener una verdad. Y, sobre todo, te repudiarán por ir en contra de sus intereses si decides actuar cómo tu conciencia te dicte.
Si todo esto te sucede, querida Lina, no eres tú la que está equivocada. Si has dicho palabras malsonantes, si has espetado a alguien lo que pensabas en ese momento, si no has fingido tu carácter por amoldarte a un grupo, si has actuado conforme a tus ideas sobre el bien y el mal, lo importante es que tú misma puedas vivir con ello. Si no queda atisbo de remordimiento en ti por mucho dolor que albergues, consuélate pensando que tener enemigos significa que estás haciendo las cosas bien.
En esta vida serán muchos los que querrán colocarte un corsé de ideas y que actúes conforme a éstas. Te chantajearán sin darse cuenta, colocando la amistad como moneda de cambio: ésos no son tus amigos si no comprenden que tu bienestar interior y tus ideales son más importantes. El amor no se entrega y se quita según los cambios de humor ni las apetencias, Lina. Tus verdaderas amistades no podrán dejar de sufrir viéndote engañada y con la lengua mordida, asumiendo una máscara que no va contigo porque han visto lo que hay bajo ésta, porque lo conocen y lo respetan.
Y Lina, si llega el momento en el que tu personalidad o tus ideas te llevan a estar sola, si haces lo que crees correcto y se alejan de ti para crearte dudas e intentar que te sientas mal, si te retiran la palabra o te vapulean por seguir tus convicciones y no dejarte meter en el saco de reprimida social, no debes preocuparte si has conseguido hacerte la mejor amiga de ti misma. Ella nunca va a dejar de perdonarte hagas lo que hagas, y puede hacerte mucha más compañía y darte mucha más paz que todo lo demás, pues su amistad es incondicional y por mucho que quieras huir de ella no te dejará flaquear.
Mi querida niña, yo he aprendido esto de la peor forma posible: quien más te quiere eres tú, de modo que escucha sólo tus recriminaciones y actúa conforme a tus ideas para tener limpia tu propia conciencia. Por mucho que el mundo parezca ir en tu contra, si estás en equilibrio con tu verdad habrás madurado como persona, lo cual sólo lo apreciará quien siga el mismo modelo de vida que tú. 
Eres la persona más importante de tu vida, tus ideas son el motor de tus sueños y tus sueños la prueba indestructible de que tienes un corazón maravilloso. No lo olvides, Lina, nunca dejes de escucharte a ti misma, nunca dejes morir la amistad contigo misma y nunca traiciones tus ideas.
Te quiere,
Lina.

domingo, 12 de mayo de 2013

¡Nervios, nervios!

Eso, nervios. Es lo que se siente cuando estás a punto de terminar una nueva novela, un nuevo hijo que parece que has dado a luz tú misma después de una trabajosa gestación. Muy pronto espero poder dar buenas noticias sobre ella, ya que creo que hasta ahora es del trabajo que más contenta me siento. Mientras tanto, como está siendo ya habitual, dejo un fragmento de la novela Novalise que por estas fechas el año pasado estaba concluyendo, a punto de ser registrada. ¡Disfrutad y cruzad los dedos por este pequeño recién llegado que está a punto de ver el mundo!

"Estaba mirando por la ventana de la torre más alta. Miraba la ciudad mientras el crepúsculo 
devoraba el horizonte y hacía morir a la luz, digiriéndola y escupiendo pequeñas estrellas de fulgor radiante. Ella apoyó la frente sobre el cristal, pensando que su esperanza estaba desvaneciéndose al peligroso compás de aquel atardecer.
Una de las normas más férreas era que no podía mantener lazos con nadie. No debía amar ni ser amada. Debía mirar el mundo como desde aquel torreón, desde la distancia y sin inmiscuirse en la vida de nadie, puesto que no podía arriesgarse a que la apreciasen o a sufrir a través de personas que la abandonarían por el envejecimiento o las enfermedades que ella jamás padecería, manteniéndose intacta por la edad y la enfermedad.
No tenía amigos. Habían matado a su madre. Su padre no la quería. Estaba sola, tan sola que hubiese llorado por pena hacia su persona.
¿Por qué tenía que ser diferente? Ser normal le parecía que era lo correcto, lo bueno, lo deseable: el mundo estaba plagado de personas normales y sólo había dos inmortales, habiéndose extinguido los demás, lo cual era un hecho irrefutable para su teoría de que no deberían existir. Dijion siempre le había enseñado que ella era especial y que los demás eran simples y del todo efímeros y predecibles, que eran copias como gotas de lluvia, mientras que ella era única, eterna y con unas posibilidades como jamás se habían visto en el mundo ni se verían.
Le daba igual ser inmortal. Tampoco quería que la admirasen ni la temiesen por su asombroso poder único. 
En aquel momento, mirando el mundo a través de un cristal, lo único que quería era atravesarlo y buscar una sola persona de entre tantas que solamente quisiera abrazarla, que aquellas gotas de lluvia la empapasen con su calidez…"

viernes, 3 de mayo de 2013

Fragmento 2.0


De fragmentos va la cosa últimamente, así que os dejo otro de mi novela "El Juego de los Caídos", cuya trama principal es una historia de superación, una historia en la que choca quién deberías ser y en quién quieres convertirte, demostrando que en todos los casos existe una opción para hacer lo correcto por mucho que no sea siempre la senda más fácil. Como dato curioso, diré que la incluí en el Registro de la Propiedad Intelectual el día 12/12/12. Eso es nacer con buena estrella, ¿no? ¿Vosotros qué creéis? ;)


"Nunca sería normal, y me odiaba por eso. Tenía tantas ganas de encajar y de poder vivir una vida normal que me martirizaba a mí mismo por ser el culpable de que no pudiese hacerlo. Así pues, atormentado y sin salida, descubrí el ejército.
Tampoco hice amigos allí porque no se me daba bien mantener a la gente a mi lado, si bien encontré un estado de plenitud que no había sentido antes: cuando me lanzaba a la batalla, ese nerviosismo por la inevitable contienda al tener al enemigo frente a frente hacía que se avivase la peor parte de mí, aunque derramando sangre y matando sin compasión lograba saciarla y me dejaba respirar durante un breve periodo de tiempo.
Le ofrecí al demonio que tenía dentro mares de sangre como ofrenda por una tregua que nunca me daría. Nunca recordaré haber sido tan cruel ni haber disfrutado tanto con la muerte como cuando serví en las filas del capitán Vinze Debey, donde estuve solo pero conseguí mantener a raya a mi peor adversario: a mí mismo. Él decía que era un guerrero impresionante, una leyenda de los campos de batalla y todo un dios de la muerte, pero supuse que me miraría de otra manera si hubiese conocido que podría haber arrasado a sus hombres sin sentir el menor remordimiento. 
Y ese sentimiento comenzó a ir a más, cuando mi parte oscura, incapaz de ser apaciguada, empezó a exigir más y más destrucción y sacrificio hasta el punto de ahogarme con sus voces y martillear mi mente con sus deseos desbocados.
Tuve de nuevo miedo de mí mismo y de lo que podría llegar a hacer si alguien me dirigía una mala palabra o una mirada desafortunada, por lo que me encaminé a buscarla a ella, el único ser sobre el mundo capaz de traer calma a mi interior con su sola cercanía. Me percaté de que la necesitaba para ser la persona que quería ser, así que no dudé ni un solo segundo y la recluté en el ejército sin importarme la oposición que los demás pudiesen mostrar: en el fondo, lo hacía por ellos, porque no se levantasen con un tajo abriéndoles la garganta por la mañana. 
Por eso y porque, por mucho que quisiera negarlo, la necesitaba y la echaba en falta."

lunes, 15 de abril de 2013

Bécquer



“Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor”.


Gustavo Adolfo Bécquer.


Él es la fuente de inspiración que mantiene viva la llama de mi nueva novela. Desde que sus versos aparecieron en mi vida hace tanto que ni lo recuerdo, han sido objeto de mi admiración. Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, esta entrada te la dedico estés dónde estés por haber sido uno de los grandes en la historia y uno de los grandes en mis suspiros.

lunes, 18 de marzo de 2013

Semillas de flores

Con el sol, un torbellino de recuerdos de humo asfixia mi memoria aunque parpadee para espantarlo con pestañas cubiertas del rímmel mojado por un millón de lágrimas secas. Es de día, pero la noche de tu recuerdo está grabada en mi piel, en una huella que apesta a deseo y palabras de ron, a resaca de felicidad y a jaqueca de un mañana que nunca va a llegar. Me levanto de la cama; cada músculo, cada suspiro, llevan tu nombre... el nombre de mi destrucción.
Una náusea recorre mi alma cuando antes no hacía más que flotar entre canciones del ayer. Antes, las flores florecían en el prado de mi futuro, impregnaban el aire con el aroma de la oportunidad; hoy, en un día de luz, lo que era verde es pasto del fuego de tu influencia.
Entre volutas de humo de promesas baratas que ciegan mi razón me convenciste para seguirte a tu laberinto de decadencia. Noches, luces de neón, botellas de tequila y cristales de sueños rotos. El rugido del motor de tu coche me conduce al infierno mientras el aire helado de la noche derrite mis esperanzas, mientras algo dentro de mí muere al tiempo que el caos resucita.
Me llevaste de la mano al callejón oscuro donde tu indiferencia me atracó. Olor a sangre, a cuero, a crueldad, a heridas y problemas. Y, antes, eran flores.
Me miro al espejo por última vez antes de comenzar por vez segunda. Tu sombra ha secado la tierra de los sueños, ha dejado surcos en mejillas fértiles, ha matado el sol que luce en el cielo de mi propio cielo. Sin embargo, con la promesa de replantar las flores de mi futuro, dejo atrás ese reflejo donde tu te reflejas para forjar de nuevo uno donde ya no estés.
Hoy, por fin, el viento huele a semillas de flores.

sábado, 16 de marzo de 2013

Fragmento

Hola, amigos, hoy me siento con ganas de compartir con todos vosotros un fragmento de una de mis novelas para que la consideréis o simplemente leáis. Se trata de una historia con la que sufrí mucho, pero no porque no disfrutara creando y enlazando sus personajes y hazañas, sino porque su protagonista es una joven atormentada por su vida y su propia condición, e indagar en su alma fue como sentir sus propias y terribles heridas palpitando en mis dedos que tecleaban su historia, una historia que me apasionó relatar.
Espero que os guste:  

"Cuando pensaba en la muerte, no la veía como una maldición, sino como una liberación.
Siempre la había sentido muy de cerca, pero nunca la había abrazado completamente. A veces
soñaba que por fin acudía a llevársela para mostrarle un mundo de paz, de serenidad, ajeno a todo
lo malo que sus ojos habían contemplado.
No había regalo más preciado que pudiesen ofrecerle. Y, pese a todo, era el único que jamás
obtendría, pues nunca sería como el resto. Los sobreviviría a todos, los envidiaría a lo largo de los
siglos por poder sentir, amar, llorar, morir.
La estrella brillante del firmamento envidiaba a las estrellas fugaces y anhelaba unirse a ellas.
Sin embargo, por fin había conseguido seguirles la estela de humanidad aunque sólo hubiese sido
por unos breves instantes…
Por fin había conseguido el dulce regalo que la vida ofrecía: la muerte."

martes, 26 de febrero de 2013

Último acto


Se abre el telón, aparece el tercer acto de tu historia.
Piel demacrada, lágrimas; no es un cuento para niños. Se suponía que iba a tener un final feliz, pero esta historia ni siquiera tiene un principio. Cuánta tristeza, mi pobre niña: han elegido una jarra vacía de promesas antes que tu ahora marchito encanto. Has probado el dulce sabor de lo que ahora te envenena y no sabes qué has hecho mal. Has pasado la vida creyendo que eras como el héroe de tus historias y, además del nombre, compartís errores.
Seguro que no eres lo bastante buena, o quizá lo eres demasiado. Nunca habías arriesgado todo por nada y que el azar te devolviese una dosis de realidad en forma de puñalada directa al corazón. De sol a sol, tu historia termina igual que empezó pero distinto: tú ahora lloras y sigues recibiendo indiferencia.
Sabes que tu huella se borrará en un segundo, pero tú estás marcada a fuego. Has arriesgado para no tener ahora nada por dar tanto como para quedarte con las manos vacías.
Enhorabuena, una vez más te has equivocado, y de errores se aprende, así que de los errores aprenderás. Asimilarás la lección de cómo decir adiós cuando se ama con locura; sabrás ver cómo eso no es suficiente para nadie. Los corazones son de usar y tirar como los cuerpos, y con un pisotón se hacen añicos.
Niña, coge los trozos que te queden y guárdalos bajo llave en un lugar donde ya nadie los encuentre jamás, pues no se merece ni lo extraordinario el jugar a recomponerlo. Elegiste mal, jugaste bien; la banca, como siempre, gana.
Pero eso no es nada. Tú has luchado con los mayores temores, has recompuesto mil veces tus sonrisas, te has entregado cuando creías que estabas muerta por dentro, has dejado ver un trocito de cielo en tu ahora deshecha sonrisa. 
Y no sabes por qué.
Se cierra el telón. No sabes por qué, pero no han sabido apreciarlo. Éste es el final sin segundas partes: gracias a los que produjeron la primera: fue breve, pero preciosa.
FIN

Imposible

... y como siempre había sido una mera espectadora de su propia vida, de repente se sorprendió echando de menos con cada fibra de su ser, con cada respiración y cada aliento. Y aquello fue más cruel que cualquier muerte o agonía, porque sabía que su fin no le sería negado, pero lo que añoraba... lo que añoraba, aquello, jamás lo tendría.

jueves, 31 de mayo de 2012

Alma zombie

Es extraño, un tipo de broma macabra, que después del paso del tiempo nada pueda ser igual. Cuando lo cura todo, lo cura de verdad: es como si las heridas de un rostro hubiesen sanado cerrándose en miles de cicatrices; por consiguiente, jamás será la misma faz que recordabas, pues será semejante y en esencia la misma pero nunca igual. 
Es curioso el modo en el que cuando los sentimientos mueren, no resucitan. No somos aves fénix, ni resurgen nuestras emociones de sus cenizas. Cuando un corazón en letargo fue obligado a olvidar, es posible que no vuelva a despertar nunca ni por muchas insuflaciones de amor que se le dediquen. El esfuerzo del olvido es demasiado potente, demasiado duro, como para fingir que no existe una nueva coraza de piedra recubriendo tu alma: ni siquiera el mayor de los fuegos puede derretir la roca.
Es doloroso, una tortura realmente inadmisible el obligarle a una mente, a un cuerpo y a un corazón a tenerlo todo cuando todo le fue arrebatado. Ya sus ojos no mirarán igual, su corazón no latirá del mismo modo y su razón se debatirá en la lógica fría que los sentimientos arrebatan: cuando matas y entierras una época, no puede sino volver decrépita y cayéndose a pedazos.
Ahora soy un sueño. Todo lo que veo es un sueño, pues sé cómo debería sentir pero no puedo. La fuerte anestesia del sufrimiento me ha anulado y ahora no soy más que un ser vacío incapaz de ser la misma pese a que lo parezca. Lo lamento.

jueves, 1 de marzo de 2012

Balance

Cada año, por esta época, me da por escribir alguna entrada para hacerme un resumen de lo que he vivido a lo largo del año, quizá simplemente porque todo lo que no me da tiempo a escribir día a día no caiga en el olvido. Así a vista de pájaro, ha sido una época agridulce, llena de matices sumamente felices y de momentos tristes... vamos, como en una vida estándar cualquiera.
Sin embargo, aunque el año pasado por estas fechas estaba debatiendo fervientemente mi postura de encontrarme en la carrera que había escogido, eternamente sumida en ese estado de melancolía insoportable de la búsqueda de algo que no llegaba que incluso me llevó a una leve sensación de tristeza estúpida que conllevó aislamiento y abstración mental. Sí, recuerdo muy bien que el primer año de carrera hubo un tiempo en el que llegaba a clase (cuando todavía iba todos los días) y me sentaba en una fila sola, absorta en mis pensamientos y elucubraciones, en mi mundo de fantasía y sin la necesidad de presencia alguna; de hecho, me hastiaba un tanto conversar con gente de trivialidades que detestaba. En cierto modo siempre he sido un poco así, pues nunca me ha importado hacer cosas sola, pasar tiempo sola o no relacionarme: puedo ser extremadamente sociable pero en el fondo tengo una personalidad de ermitaña que no puedo evitar, supongo que tendrá algo que ver con la enorme exigencia que impera en mi forma de relacionarme.
Sin embargo, este año no ha habido días de facultad ni mucho menos. Terminé la carrera y han sido unos meses de cursos, de estudios abocados al fracaso y a algo desafortunadamente normal en este país: el paro. Ha sido un paso de la sensación de plenitud por concluir una etapa de mi vida a sensación de fracaso por ser una mantenida por una familia desestructurada, sin ocupación y horas libres que transcurren sin ningún aliciente. 
Por otra parte, ha sucedido lo impensable: he vivido la cara amarga y maravillosa del sentimiento del amor. Aunque mi faceta dramática decía que jamás lo conseguiría, que todo sería una sucesión de rostros sin sentimientos, logré que la muralla de hielo que me recubría se resquebrajase y dejase entrar a alguien. Al principio tuve miedo: la sensación de estar expuesta a una persona que sepa cómo eres en verdad es peligroso.
No tenía ni idea de cuánto.
La parte amarga de todo es que precisamente el poder que ejerce una persona puede destrozarte. En cierto modo, me arrepiento muchísimo de haber bajado las defensas de mi muralla perfecta, puesto que la brecha hizo que el muro se destruyese. Aconsejo a la gente que se ha dedicado durante años a fabricarse un disfraz que jamás se lo quite delante de alguien que no le convenga, ya que lo usará para dañar, solamente para hacer daño. Es un poco duro decir esto... pero me arrepiento de haberme enamorado. 
Es muy feo. Es horrible. Pero los momentos buenos no compensan los malos. Mi verdadero balance de este año es que aunque todo parezca idílico, la felicidad se esfuma en un solo segundo y la desgracia perdura durante mucho. Te miras en el espejo día a día y te preguntas qué pasó con la persona fuerte que conocías, la feliz, la que te era familiar y admirabas. Como último apunte, daré un consejo: no os enamoréis. Es lo peor que podríais hacer... y a la vez lo mejor. 

lunes, 16 de enero de 2012

Segundas partes en el cine de la vida

Hace algún tiempo, pensé que mi corazón se había endurecido con una capa de cicatrices gracias a heridas que habían profundizado pero habían acabado sanando. Tuve la estúpida idea de que esas cicatrices me servirían de recordatorio, a modo de trofeo, de lo que me esperaba si se me ocurría volver a caer en los mismos errores; quería asegurarme de que en todo momento tuviese bien presente el tiempo y las lágrimas que habían forjado ese pequeño escudo, exhibiéndolas con orgullo y al mismo tiempo como advertencia: había caído, pero había sobrevivido y estaba de vuelta, liberada y recuperada con tan solo muescas de recuerdos.
Pero, como ya he dicho, fue una idea estúpida. Quizá hubiese sido buena sino me hubiese aferrado a lo contrario que cerraba las heridas: las segundas oportunidades. Creedme, las segundas partes nunca fueron buenas, pero el cerebro humano, cual cine barato, te insta a que escojas la mejor butaca para ponerte esa cinta y que la visualices una y otra vez. Y tú, humano crédulo y vulnerable, entre aplausos al contemplar los títulos de crédito, te convences de que es una buena idea en lugar de estúpida.
Ahora ha llegado un momento crucial. Miro mis cicatrices y me cuentan la historia que al parecer he olvidado; me dejo engañar por unos efectos especiales utópicos y una iluminación primaveral. Por última vez compro esa entrada, pero para dos. Aunque tengo ganas de olvidar y de dejar atrás hay algo que quiero aún más: a ti.
Quiero que las horas que pasemos juntos se añadan a un contador de tiempo maravilloso, que todas las sonrisas, caricias, miradas, palabras, sean recíprocas. Quiero hacer planes de futuro a tu lado; que me cojas de la mano; que grites al mundo que soy la persona que quieres. Quiero que lo demuestres y demostrártelo, cada día, cada noche, muriendo el uno por el otro y resucitando con cada beso.
Quiero tantas cosas...
Pero me conformaría con una. Tenerte a ti. Que tú me tengas. Solos tú y yo, otra vez. Quiero escribir la segunda parte de nuestra historia para demostrar que a veces las secuelas son igual de buenas o mejores...
... pero, en el final inacabado, tú tienes por desgracia el poder de escribir el guión.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Por qué

Dime por qué estoy muriendo.
Dime por qué cada minuto y cada segundo agonizo,
la razón por la que se descompone el tiempo
y se pudren las esperanzas.
La ausencia es mi peor virtud,
¿por qué escogiste enseñarme a llevarme bien con ella?
Abrazando sombras del olvido,
me pierdo en un camino que de señales confusas.
Dime por qué estoy muriendo.
Dime por qué mis versos suenan a ti,
la razón por la que te conocen y se visten de tu métrica,
y se deshacen entre lágrimas.
No me negaste tres veces sino mil, 
una vez más la palabra más terrible ronda mis oídos,
tú, tu voz, tu negativa...
Niégame una vez más.
Dime por qué estoy muriendo.
Dime por qué, si te amo,
la razón por la que tú me has olvidado
y dejas a un lado simples trozos de mí.







domingo, 9 de octubre de 2011

Eterno invierno

Hoy he tachado un día más de mi calendario, viéndolos pasar como si los mirase sin mirarlos, sin fuerza, sin sentido. Me quedo mirando por mi ventana, viendo transcurrir las nubes, sin prestar atención a las formas que me dedican, como si no me importasen, sin poder apreciar un ápice de belleza entre tanta insensibilidad. Alba, ocaso, lluvia y sol. Ya me da igual; ya ni siquiera parpadeo: mi sol se ha marchado.
Todo ha dejado de tener sentido de repente. No sé qué pensar, ni qué sentir. Las hojas del otoño se han caído en el otoño de mi vida, resultando inservibles a la espera de un crudo invierno, donde simplemente no hay nada, solo ramas desnudas a merced de la ventisca. No sé qué sentir... No sé si sentir odio o pena, si rendirme o seguir contemplando la lucha perdida, tan perdida como la de la primavera y el frío, como la lluvia y el azúcar, como mi corazón y tu pie al pisarlo: mi sol no va a volver.
Me veo viviendo mi vida desde un rincón del techo de mi habitación, mirándome desde arriba, gritándome con voz muda que despierte y busque la luz... pero el sueño soy yo. No despertaré, seguiré viviendo un transcurrir de días sin sentido, una sucesión de horas sin tu presencia, siendo fuerte y débil a partes iguales, esperando y rindiéndome, muriendo y resucitando. Y entre resurrecciones pienso por qué esa yo a la que miro está sonriendo si su sueño la contempla y llora, llora tan muda como su voz, lanzando deseos frustrados al aire, deseos de tus palabras, pero que se las lleva el viento del invierno que fuera azota el paisaje inerte que contemplo sin pestañear.
Nada me parece bueno. Nada me parece malo. Simplemente, nada es suficiente, no tanto como cuando brillaba mi sol.
Ojalá quedase una primavera cerca, pero ahora mismo, sin su calidez y luz, todo me parece un eterno invierno.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Licenciada en decepciones

Título de arrugas en la frente, especialista en decibelios disparados. Ahuyentando las malas caras; esa asignatura la suspendí. Un paso bien, un paso mal: finalmente siempre meto la pata. En el examen de cómo ser persona no puse bien ni mi nombre... soy una licenciada en decepciones.

Esto va dirigido a una muy querida amiga...

Amiga de mi alma, aquí te veo ante mí una vez más. Nos conocemos desde hace muchos, muchísimos años y hoy es el día en el que toca dirigirte unas palabras.
He convivido contigo durante días y días, creando millones de anécdotas y de situaciones. He sido cómplice de tus pensamientos; he sentido tus emociones, ira, compasión, tristeza, alegría. Ambas nos hemos sonreído cuando sabíamos que nuestras metas se cumplían, y suspirábamos con amargura cuando se frustraban nuestras expectativas. Juntas, como una sola, siempre te he apoyado cuando los demás fallaban y nunca me he separado de ti. Y es verdad que se pueden querer a otras personas más, e incluso anteponerlas, pero siempre serás tú la primera de mi lista: tienes incontables defectos que me sacan de quicio, pero sé que tus virtudes son maravillosas y, la mayoría, solo yo las conozco.
Amiga, te veo y me emociono. Has llegado ya muy lejos, eres toda una mujer. Has sufrido como ninguna y has aguantado como una campeona: me enorgullezco de ti. Mira las cicatrices de tu alma y dime si no has sido fuerte, si no has sufrido en silencio y has sobrevivido. Y mira también las huellas de los momentos felices, porque han quedado como una marca de infinitas sonrisas en la comisura de tus labios. Todo eso, lo bueno y lo malo, te han hecho ser como yo te veo ahora.
A tus pies están los trozos de miles de sueños frustrados, millones de fragmentos de tu corazón resquebrajado por algún motivo: mi querida niña, eres una soñadora y una idealista, y el mundo es real y crudo. Nunca van a dejar de dañarte y de intentar atar tus alas. Pero intenta volar, mi buena amiga, porque tu imaginación y tu fortaleza es lo que más valoro de toda tu persona.
Te admiro por miles de razones, entre ella tu capacidad de sobreponerte, por alcanzar tus metas cuando te las propones y porque no albergas maldad en tus acciones, siempre buscando lo mejor para todos aunque salgas perjudicada con ello. No obstante, te odio por esperar de la gente aquello que fantaseas solo porque es lo que harías tú: siempre sales escaldada por tu ingenuidad, porque piensas que todos son como esperas que sean. Sí, pequeña, la gente no es como parece, dice o hace y te harán daño continuamente, sobre todo aquellos que más dicen quererte, pero te empeñas en ver la parte buena y seguir adelante con los imposibles a sabiendas de que nada saldrá como sueñas. ¡Cómo te gustan las causas perdidas...! ¡Qué masoquista...!
Por último, te deseo lo mejor. Te veo aquí ante mí, tan mayor, después de tantas cosas vividas, y me emociono. Solo espero que con el tiempo los demás puedan llegar a verte como yo te veo y que realmente encuentres lo que te mereces, que no dejes de cumplir sueños para proponerte otros y que nadie se atreva a borrar la sonrisa de tu cara.
Amiga, a ti que veo en el espejo, a esa que llaman mi reflejo, esto es para ti. Mis felicitaciones.

Escucha mi rugido

Hoy voy a levantarme con el sol de la mañana pensando absorta en mi batalla. Buena comandante de las tropas de mi vida, he decidido por el bien de todos los presentes que una retirada a tiempo es una victoria: al menos se evitan heridos innecesarios, bajas y sufrimientos diarios, aunque todo eso para mí, una combatiente de rango, se traduzca simplemente en menor ansiedad y preocupaciones. He ganado a mi manera aunque haya técnicamente perdido; no obstante, siempre está bien escuchar qué tratados puede proponerte tu incordioso enemigo siempre y cuando sean razonables y a tiempo. Sino, pues bueno, siempre puedo empeñar mi armadura y retirarme a la vida contemplativa...

domingo, 5 de junio de 2011

Tan lejos...

Llegar tan lejos... para esto.
Torbellino de sombras, en él me muero de espera. Languidezco aguardando aquello que no llega; me ahogo en las lágrimas no derramadas de sueños en añicos que desbordan mi alma, solitaria, áspera y apaleada por el desencanto. Apartada del mundo, soy la pieza que sobra del puzzle, dada de lado solo por no limar sus bordes e imitar el resto de formas... ya saben, las formas geométricas resultan confusas. Pasan las horas como yunques de tiempo que firme se escapa entre dedos marchitos, cansados de estirarse para encontrar otros dedos con los que enlazarse, temerosos de los días, asustados del futuro. Curioso destino el de una líder que se alza ante un ejército de sombras muertas, fingiendo un rol que nunca asumió... llegando tan lejos, para esto.
No me malinterpreten... amo mi primavera de pétalos verdes y de carnosas sonrisas, solo que por dentro me retuerce la envidia de haber llegado tan lejos para envidiar...

lunes, 11 de abril de 2011

Destrucción

A veces, todo se destruye en un solo instante. No importa el tiempo invertido en conseguirlo, lo sacrificado para ello, como tampoco relevante es lo que signifique para la persona en cuestión. Pensamos que lo que nos rodea depende de nosotros; gran error: dependemos de todo lo demás. A veces, con solo un acto se desmoronan amistades, fraternales, amores épicos. A veces, con una sola palabra, el orden deja paso al caos.
Porque no hay nada que no esté a tu alcance siempre y cuando tengas los brazos lo bastante largos, ésa es la verdad.
Solo quiero que antes de que la destrucción se haga con el control, pueda predecirlo con facilidad. Solo así evitaré un nuevo mundo de ruinas vacías.

jueves, 7 de abril de 2011

A mi preciosa princesa

Mi niña... Mírate.
Eres una pequeña mota de polvo flotando en un universo demasiado complejo. No tienes cabida ni lugar; demasiado insignificante como todos los demás, fugaces en exceso y de corta existencia, como suspiros del tiempo que contemplan pasar con rauda parsimonia. Eres mortal y frágil; con solo un roce se cortan los hilos de tu vida; con solo un soplido algún componente de tu cuerpo falla si es que éste no se rebela contra ti.
Mi niña... Qué lástima.
Has venido al mundo en un momento que ni tú ni nadie comprende. Estás rodeada de nada y crees que lo tienes todo. Las cosas deberían ser sencillas, pero los de vuestra calaña se empeñan en hacerlo difícil: os separáis, os discrimináis, os herís e incluso os matáis. Solo creáis para destruir, solo vivís para morir.
Mi niña... ¿Por qué tú?
Contemplas desde la ventana el que dicen que es el amanecer de la vida, pero nunca sabrás cuándo el cielo se teñirá de ocaso. Y, sin embargo, no cesa tu empeño de quedarte a mirar cómo se mueven las nubes en vez de intentar tocarlas. 
Pequeña, princesa mía, ¿a qué esperas?
Sé que tu interior se debate entre la insignificancia y lo extraordinario; ya sabes que tu complejidad radica en tu sencillez. Límitate a sobrevivir y no a soñar; los sueños son necesarios, pero estancarse en ellos es un fracaso de necios: mucho mejor es trasladarlos a la realidad. Y, aunque la realidad te parezca deprimente, aunque te resulte molesta, viciosa, repulsiva, innecesaria e incluso aborrecible, ten por seguro que eso depende en gran parte de ti.
Mi preciosa princesa, llena tu vida del esplendor que irradian tus ojos. Porque, por muy corta, banal y sin sentido que llegue a ser una vida humana, será siempre única e imposible de ser imitada. Cada huella es distinta, cada mirada es distinta... y la tuya, oh, mi maravillosa niña, es la más bella que he visto jamás...

sábado, 2 de abril de 2011

:(

Dame un beso que encienda las cenizas; dime que soy única para ti. Haz que el susurro del viento me traiga silencio vacío junto a tu silencio, que el tacto de tu piel grabe a fuego en mis poros que no deseas otros tactos. Dame una noche entera pupila contra pupila, sin que corra el tiempo. Haz que no tenga dudas, grita ante el mundo entero que me has entregado tu corazón en un envoltorio de caricias. Dame una sonrisa cómplice cuando el resto tenga envidia de nuestras manos unidas; diles a todos nada y, cuando pregunten, todo. Hazme el mejor regalo que podrías hacerme: tú...

sábado, 26 de marzo de 2011

Hace tiempo ya...

Hace tiempo ya que no me despierto sintiendo lo mismo. Ya hace mucho que abro los ojos y no veo más que sábanas vacías. Ya no me pregunto nada, me digo que mejor no quiero saber. Hace tiempo ya que todo me da igual...

lunes, 21 de marzo de 2011

De mí

Esta es la primera vez que te escribo, pero no será la última. Lo hago en esta ocasión desde la perspectiva del pasado, para recordarte la sensación de las lágrimas resbalando por tus mejillas. Piensa ahora por qué las derramabas antes y por qué las derramas ahora; dime, entonces, si no vas a ser igual de valiente que en esos momentos. Has soportado tanto dolor, has sido muy fuerte, y, aunque te hayan aplastado los sentimientos y te hayan desgajado el corazón en miles de ocasiones, has salido adelante, recomponiendo los pedazos de un alma hecha jirones. Has sido capaz de reponerte y sonreír cuando estabas llorando por dentro; has mostrado entereza y nadie nunca se ha percatado de un solo signo de debilidad sin que le contases nada. Se han llegado a sorprender de tu coraje, sí. Sé que todo lo que has vivido, junto a lo que te has perdido, te han pasado factura y que por eso ahora vuelves a estar triste...
Pero escucha. Recuerda.
Has demostrado tu fortaleza. Nada es lo bastante como para hundirte, porque eres insumergible. Llora todo lo que tengas que llorar, laméntate de tu suerte y maldice al mundo y a la vida... pero, después, vuelve a sonreír como siempre has vuelto a hacerlo.
Tu sonrisa vale más que todo lo demás. Eres maravillosa.


Firmado: Yo... es decir, tú.

domingo, 20 de marzo de 2011

A veces...

A veces, me sorprendo deseando lo indeseable, rechazando lo magnífico, cometiendo locuras, entregándolo todo por nada. A veces, con muy poco me siento feliz; otras con mucho me hundo en la miseria. A veces, sé que mis deseos van en sentido contrario a la realidad en la carretera de la vida, y no le encuentro coherencia a sus señales para rectificar el rumbo. A veces, echo de menos aquello que no conozco y aborrezco lo que trato. A veces, me hastían tanto los detalles que los convierto en mundos...

viernes, 18 de marzo de 2011

Dentro de 54 años

Esto te lo voy a dedicar a ti, aunque no a ti exactamente, sino a ti dentro de cincuenta y cuatro años.
Quiero decirte que te perdono.
Aunque me exasperes, me saques de quicio, te quiera fuera de mi vida, me parezcas idiota y, en definitiva, no me caigas bien, creo que las circunstancias exigen que no te odie, sino que te tenga una "manía transitoria" que seguramente se pasará con tu madurez.
Cada vez que abres la boca, parece que repites todos los ecos que retumban entre las cabezas huecas de una muchedumbre que por creer ser diferente no es más que un rebaño de falsos inconformistas, de reivindicadores de nada, de niños de papá y de mamá que creen que los discriminan y son liberales cuando en verdad creen que su estilo de ver las cosas es el acertado y critican a los demás por ello. Como apunte, quiero que sepas que odio (detesto más bien con todas mis fuerzas), que la gente ya no sea Perico, o Fulanito... no, ya no se les conoce por el nombre, y tampoco por su apodo, sino que ahora tienes que ser pijo, cani, heavy, hippie... y miles de etiquetas más que cada día se renuevan y me sorprenden. Si manifiestas que quieres vivir tu vida en paz, que los demás te dan igual y te sientes aparte... ¿por qué clasificas a las personas?
No te lo tomes como algo personal, que también, pero muchas cosas que te dicen son por tu bien y no para fastidiarte.  No todos están en tu contra; no eres tan importante como para eso. Eres una ridícula mota de polvo que no alcanza la edad suficiente para considerarse pelusa. Acéptalo, escucha por una vez, cierra esa boca que solo sabe abrirse para lanzar un chorro de voz irritante y agresiva, y percátate de que a veces, en frases inapropiadas o en palabras hirientes, solo va escondida una gran verdad que deberías considerar después en tus adentros. No siempre cuando todos te dicen algo tú estás equivocado por ser el único que va en contra de la corriente... pero, pese a todo, no está mal pararse a pensar por qué todos piensan así y si tiene algún sentido. Créeme, en tu caso, en innumerables ocasiones lo tiene.
Sé que en el fondo eres una buena persona aunque encierres tu lado bueno por orgullo o vergüenza. No te escondas de ellos, yo he visto tu lado bueno alguna vez. No obstante, también he visto el malo: he sido testigo de cómo podías tener pequeños detalles de pura maldad gratuita, pisoteando emociones y siendo egoísta y repugnante. Hay veces en las que mis sentimientos hacia ti por eso han rozado el odio...
Concluyo: abandona el rebaño, las influencias, abre la mente sobre lo bueno y lo malo (hay cosas que no son mejores porque no sean de tu estilo impuesto socialmente), sé tolerante si exiges tolerancia, aprende a leer entre líneas, capta el amor en una riña, abre los ojos y observa quién te quiere de verdad y a quién le estás haciendo más daño. 
Ojalá dentro de cincuenta y cuatro años podamos leer esto a la vez y reírnos de todos estos espectros del pasado. Saludos, tú del futuro.

domingo, 13 de marzo de 2011

Transcurso

Cada día,
a cada hora,
cada segundo que se aleja,
de entre los dedos se me escapan
los momentos,
las frases,
los suspiros.
Y cuando una gota retengo
de tu marchita esencia,
estás lejos... tan lejos...
estando tan cerca.


lunes, 7 de marzo de 2011

Tu huella

Hay marcas que son imposibles de borrar. A veces, hay huellas, cuales muescas excavadas en la piel y el alma, que se forjan a base de tiempo y cariño y que no se difuminan fácilmente. En otras ocasiones, son señales tan profundas y tortuosas que nadie encuentra el principio ni el final ni tan siquiera para erradicarlas. Todos tenemos nuestro ser marcado por infinitos momentos y por incontables personas, aunque algunas huellas sean más importantes que otras. Deja tu huella aquí, deja que la roce con la yema de los dedos cuando ya no estés, permite que suspire por los instantes de los que está compuesta, deja que sepa que aunque los años pasen, tú habrás formado parte de mí... quizá una ínfima parte, sí... pero suficiente como para que un segundo en toda la infinita eternidad nos pertenezca.

martes, 1 de marzo de 2011

Derrota


No fui lo bastante buena, lo siento. No fui capaz de verlo. No me di cuenta, lo lamento: cuando suenan las trompetas de la derrota, es mejor retirarse para no sufrir más heridas de lo necesario...

miércoles, 23 de febrero de 2011

Caos y nostalgia

Estoy casada con el silencio y enamorada de la desgracia. A veces brilla el sol en mi ventana y en mi habitación cae una poderosa tormenta que encharca mi solitario colchón de hielo. El lazo de ácido que une mi realidad y mis expectativas es fino pero al mismo tiempo demasiado fuerte; no deja traspasar, ni filtra, ni empapa. Viendo espejismos de sueños dejo pasar las horas esperando que ese momento llegue, aunque se pierda en laberintos de lujuriosas tentaciones. Vuelve, recuerdo inalcanzable de la perfección. Vuelve y torna mi vida de un color de mil colores. La canción que oigo es de notas vacías que se derraman en pentagramas que alargan la sinfonía de la nada; mi alma gemela es alma, pero no gemela. Dime... ¿soy una ilusa por esperar lo inesperado? 

martes, 22 de febrero de 2011

Mi chico preferido


Él vivía sin pensar en nadie, solo en sí mismo.
Él era arrogante e independiente, un espíritu libre que caminaba guiado por sus apetencias.
Él vivía encerrado en su mundo interior sin pensar en el exterior, sin que nada le concerniese.
Él no recibió el verdadero afecto o amor de nadie, pero tampoco amó nunca.
Él solo probó el sabor amargo y nunca el dulce de la vida que le brindaban.
Él tenía una coraza, un escudo cual muralla en torno a su alma, incapaz de ser atravesada ni descubierta que lo protegía de todos.
Él no quería ser dañado, por ello no dejaba entrar a nadie en su vida.
Él tenía un destino que era no alcanzar sus sueños y anhelos.
Él tenía un corazón frío e insensible... quizá incluso cruel, forjado por las experiencias de su existencia.
Él sabía que en realidad no era así, el problema era que nadie se había detenido lo suficiente a conocerle y a descubrir su auténtica esencia.
Él sabía que estaría siempre solo: la soledad nunca le dañaba, pues a solas nadie podía herirlo.
Él lloraba a veces por sentirse vacío y miserable, abandonado y despreciado, pero las lágrimas siempre le hacían fuerte, nunca débil, siendo ya viejas conocidas.
Él quería amar... pero nunca le enseñaron cómo.
Él quería volar... pero cortaban sus alas cuando alzaba el vuelo.
Él tenía tanto que ofrecer escondido bajo una fachada que nadie podía entreverlo, nadie miraba más allá de su perfecto disfraz... nadie le conocía de verdad.
... él era yo...
... sin saberlo, soy yo.

Hayss niadew´nay avnnerh, nâ niadew.

martes, 15 de febrero de 2011

Mi sueño


¿Sabes cuál es mi sueño?
Cerrar los ojos. Una voz que me susurre al oído: "es una sorpresa". Sonreír.
Montarme en un coche. Música. Viento. Kilómetros.
Miles de preguntas. Una sonrisa pícara. Sigue siendo una sorpresa.
Llegar a un lugar lejano de todos y de todo. Descalzarme. Tocar el mar.
Dejar pasar el tiempo sin que importe. Más sonrisas. Una habitación a oscuras. Una cama llena de pétalos de rosa.
Suspiros. Nada puede ser mejor.
El amanecer. Mi piel con tacto de albornoz. Un balcón lleno de luz. Olor a libertad. Noches largas. Copas. Más música. Un baile alocado. Un baile íntimo.
Paseos turísticos. Paseos por rincones secretos. No existen personas. No existe el tiempo. Solo existe el brillo del sol y el murmullo del viento.
Vuelta a casa tras la locura. Dormir en mis sábanas... con una sonrisa en mis labios.
Entonces descubro que no hay locuras ni locos, que todo ha sido un sueño y era yo la que no veía que todo era incierto.

...

"Es increíble cómo podía estar tan destrozada en las letras y tan serena e íntegra en la realidad"

El amor es una mentira

Las peores líneas de la historia que podrían escribirse están escritas, queriendo expresar lo hiriente que puede llegar a ser un fantasma enamorado o, simplemente, un fantasma.
La invisibilidad es la peor de las cualidades cuando quieres ser vista, y el que tu voz suene como un susurro cuando gritas, tampoco ayuda demasiado.
Como ya dije una vez, ojalá pudiese desdibujarme, fundirme con el viento… volar.
Ojalá pudiese huir.
Pero es difícil esconderse de uno mismo… ¿Cómo enfrentarte al enemigo cuando conoce todas tus tretas, tus puntos débiles, tus anhelos, tus aspiraciones? Es imposible.
Yo lucho contra el “yo” que se empeña en convertirnos en alguien que no somos y que siente algo que no sentimos. No pretendo acabar como todos.
Yo no puedo enamorarme.
"El amor es como el oxígeno", diría alguien entonces. Y yo me pondría a contradecirle luego hasta que, al final, me convence con sus argumentos. No lo haré porque no existe forma alguna sobre el mundo que consiga reconciliarme con esa eterna contradicción en mi vida: creo que lo detesto por ansiarlo demasiado.
Me frustra, me esquiva; me desmotiva y me hace llorar una vez más.
¿Por qué es tan cruel?
Había oído que era generoso, impetuoso, maravilloso, incondicional… lo mejor, en definitiva. Pero yo lo veo áspero, hiriente, ajeno, oscuro, distante, efímero, complejo.
¿Me han mentido…?
¿… me he mentido?

Perdí la llave...

Ojalá tuviese alas y fuese una esencia incapaz de sentir esta frustración. Al menos podría gritar sin ser escuchada y pasar sin ser vista pero sintiéndome libre, no como si una cadena de hierro se hubiese engarzado en torno a mi corazón.
Ojalá pudiese encontrar la llave y liberarlo, pero me temo que está en el fondo de un lago profundo donde nadie, ni yo misma, puedo alcanzarla.

lunes, 14 de febrero de 2011

Mi pequeño colibrí


El pequeño colibrí está triste. Lo he visto volar, libre, batiendo sus alas al viento tan velozmente que apenas en un parpadeo puedo contemplarlas. Vive libre en un bosque corrupto, a veces contaminado, pero extrañamente necesario pues muy pocos bosques idílicos quedan en el mundo.
El pequeño colibrí siente, aunque lo sea, que no es libre. De su canto me llegan palabras tristes, añoranzas de tiempos pasados cuando el césped era verde y el aire olía a rosas. 
Oh, mi pequeño colibrí... me duele verte sufrir.
Quiero ofrecerte un mundo como esos bosques que echas en falta. Quiero ofrecerte un césped verde y un aire que huela a rosas. Mi pequeño... te ofrecería tantas cosas solo para que batieses tus raudas alas con un feliz trinar... 
Me duele verte sufrir, pero, sobre todo, me duele no poder hacerte feliz. Sé que soñarás siempre con tu fantasía, no obstante, aunque fuese solo por un segundo, me gustaría que tu fantasía fuese yo...
Vuela lejos, colibrí, encuentra tu libertad. Te mereces lo que anhelas. Vuela libre, colibrí. Solo te pido que en mitad de tus vuelos, solo un segundo y de vez en cuando, pienses en mí...

jueves, 10 de febrero de 2011

Carta a un amor perdido


Amor o no amor mío:
Exactamente no sé lo que eres, pues, para definirte, antes tendría que dar explicación a por qué lo eres o no. Creo que mil veces han sido pocas, seguramente fueron millones, en las que he intentado comprender cuánto significas para mí y en qué medida, pero créeme: ponerte nombre es lo más duro que he hecho hasta ahora.
¿Por qué no debería pensar en ti? Tengo millones de razones, siendo la más importante que sé que no me aprecias como yo a ti. Si me quisieras, o si solamente albergaras un atisbo de duda sobre ello, querrías estar a mi lado. Pero no lo estás. Nunca lo estás.
Siempre espero de ti miles de actos y de palabras, pero al final te quedas estático y mudo frente a todas mis frustradas expectativas. Muchos creen que tu actitud puede estar influida por la timidez, pero sé que te mantendrás a mil pasos de distancia no por tal motivo.
Sé que yo soy a razón, yo y mi estúpida muralla que te hizo rebotar contra ella cuando querías atravesarla. Lo admito: fuiste muy valiente. Solo me queda ahora la espantosa duda de lo que pudo haber sido y no fue solo por lo que he creado de mí. Si pudiese volver atrás, valoraría un poco más ese instante; entiendo, pues, que herido en tu orgullo no te plantees volver a intentarlo. Yo tampoco lo haría; de hecho, soy lo bastante cobarde como para ni tan siquiera hacer amago de dar un paso adelante.
Fastidié nuestra historia sin comienzo, dándole un fin insatisfactorio antes de que empezase. Y confieso que es mía toda la culpa. Sin embargo, tus contradicciones me sacan de quicio, tus defectos me hastían. Y, luego, me pregunto: ¿por qué demonios lo escogí precisamente a él, a él que jamás será lo que esperaba?
¿Quieres saberlo? ¿Sabes por qué, pese a los inconvenientes, las frustraciones, las dudas, la desesperación y los miles de detalles que no tienes, te di la oportunidad? Porque tenía la esperanza de que fueras tú quien me ayudase, después de tanto, a deshacerme de mi coraza. Tenía la absurda fantasía de que por fin alguien me enseñase a sentir, y no solo a fingir que siento. No obstante, las esperanzas son en vano y las fantasías un simple engaño. Quería que me salvases… pero supongo que ya no merece la pena.
Por esto, por saber que fui yo la culpable de haber despreciado lo que me brindabas y no dejarme llevar por miedo, no puedo reclamar justicia. Es lo correcto que me debata y me torture, pues otra cosa no merezco: solo fui una pobre niña tonta y cobarde, y ahora lo sigo siendo solo que arrepintiéndome por ello.
Sin más, he llegado a la misma conclusión: no te amo, pues no lo hago, y, si fuese así, no podría reconocerlo al no haberlo sentido nunca. Pero sí que esperaba que fueses tú el enviado, el que por fin hubiese venido a rescatarme de mis propias garras. Me gustaría pedirte que lo intentaras… pero qué más da.
Los caballeros andantes se esfumaron; los príncipes azules se volvieron grises. Eras mi esperanza. Ahora solo me torturas porque te deseo y por ese beso que nunca nos dimos y que murió antes de nacer.
“Te quiero”, no lo sé… diré mejor: “ te podría haber querido”.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Fisiología de la ausencia


Es difícil expresar algo así. Parece como un agujero en el pecho, justo en el centro, como una ausencia que duele muchísimo. Durante la mayoría del tiempo es fácil fingir, es sencillo ocultarlo. Incluso llegas a olvidarte de ello y piensas que no existe, y posiblemente te planteas con esperanza si ha desaparecido. Pero no.
Entonces es cuando tomas conciencia del dolor, y parece que el centrarte en él lo alimenta y le da fuerzas, porque redobla su intensidad y no tienes más opción que doblegarte ante su presencia.
Te deja el cuerpo como vacío, como si no quedara en él una sola víscera, como si se hubiese derramado toda tu sangre y no fueses más que un saco sin relleno de solo piel y algunos huesos. Toda esa piel, esa que es lo único que parece quedarte, no te hace ningún favor: parece que, como precio por seguir ahí, te enviase toneladas de dolor. Pero eso no es nada. Eso se puede soportar.
Lo que no puedes aguantar es tu cabeza. De repente, se vuelve estúpida y se bloquea, seguramente por la cantidad de preguntas que no puede contestarse que se hace en tan poco tiempo: ¿por qué yo? ¿Qué he hecho mal? ¿Es mi destino? ¿No soy lo bastante buena? ¿Me está prohibido? ¿Hasta cuando seguirá?
Entonces, sin contestación ninguna, tu mente se desespera y cae en la irremediable conclusión de que todo está perdido y que es inútil. Te quedas sin fuerzas, sintiendo una quemazón de amargo sufrimiento ascender desde tu encogido estómago hasta tu garganta… y se crea el nudo.
El nudo que parece ser una membrana en forma de bola que contiene un torrente salvaje de lágrimas.
Y, como tu mente está débil y atormentada, baja de ánimo y desolada, la membrana se rompe y empiezas a llorar.
A veces dura mucho rato, e incluso tienes que comprobar tu aspecto en el espejo para que nadie te mire por sorpresa y tu rostro te delate. Llegas a gemir o a intentar gritar, pero desahoga un poco el nudo al menos. Aunque, sobre todo, parece que está echando fuera una parte del pus que ese agujero en el pecho está supurando al mismo tiempo que te envenena con él.
Si dura poco, puede ser bueno o malo. Bueno porque nadie te descubrirá y podrás seguir fingiendo dureza con esa fachada que tanto te ha costado fabricar. Malo por no ser suficiente para echar fuera los restos de tu amargura, dejándolos concentrados dentro de ti para que en otra ocasión vuelvan a infectarte.
Pero pasa. Hasta la próxima vez, ya que nunca acabará esa desazón. Te acompañará siempre… hasta que tu mente sea capaz de dar respuesta a esas preguntas en blanco.

Crónicas desde la cárcel

Ante todo, soy inocente. Yo no debería estar en cárcel alguna, es más, ni siquiera sabía que se trataba de eso cuando me trajeron aquí. Creedme o no, pero reitero mi inocencia.
Mi cárcel no es como las cárceles que podríais imaginar. Mi cárcel no tiene barrotes, sino paredes. Tiene puertas sin cerraduras y ventanas que muestran un paisaje idílico y veraniego. Todo un lujo para ser una prisión... pero no.
Vivo con un carcelero, otro preso y el típico perro que tiene las llaves en la boca pero que nunca te las da. El carcelero es inflexible, y tiene muchos cambios de humor. Él puede salir siempre de la cárcel, pero prohibe a los demás que lo hagan sin su beneplácito, pues adora ver la cárcel a rebosar de prisioneros... supongo que, a veces, lo hace porque el trabajo de carcelero es muy solitario y le gusta la compañía. Sin embargo, aunque tiene su buen fondo, no posee autoridad alguna.
El otro preso es el ejemplo de su poca autoridad. El otro preso es la encarnación del pecado capital pereza. Le gusta que la cárcel huela a quemado, denotando así una faceta de pirómano que desconocía en todos sus días de reclusión, pero lo que más le gusta son dos cosas: desafiar al carcelero y no hacer nada. Y si no haciendo nada de paso consigue molestar a alguien más, se retuerce de satisfacción. El otro preso puede que no sea malo, aunque lo parezca. Simplemente está atrapado en las circunstancias y en sus hormonas. Cree que lo sabe todo pero cuando abre la boca solo pronuncia palabras vacías, y cada vez que hace algo se desprestigia a sí mismo puesto que nunca acaba su tarea. Le importa un bledo las órdenes del carcelero, de modo que lo enfurece a menudo, rebotando su mal humor contra mí, que permanezco aquí calladita en mi celda.
A veces, salgo de mi prisión. El otro preso también lo hace. No obstante, he descubierto que es mejor ser malvado, arrogante y estúpido para que no te echen nada en cara: cuando has sido tan buena, de pronto te miran mal por pensar un poco en ti. Al otro preso no le dicen nada, no lo miran mal. A mí sí, y el carcelero cuando vuelvo me hace sentir culpable, sobre todo cuando grita y demuestra que él y no yo es la víctima.
Es una cárcel compleja. No tiene barrotes, pero los gritos y el rebote de culpabilidad del carcelero es un método efectivo anti-fugas. No puedo hacer nada por escapar, a no ser que me escape o que ese dichoso perro me entregue las llaves de la libertad de una vez por todas...

sábado, 5 de febrero de 2011

...

.... y costase lo que costase, se había propuesto mantenerse firme y dirigir su destino lejos de aquello que anhelaba evitar porque sabía que proporcionaba casi tantas dichas como desgracias. Sin embargo, sin querer había tomado la senda que conducía directamente a él sin remedio. Y sí, lo había negado y despreciado, pero ahora entendía que lo hizo porque no lo conocía; en aquel instante, y con una nueva perspectiva, le parecía vacío todo segundo que pasó en su ausencia, e incluso se compadecía a sí misma por haberlo repudiado. No sabía lo equivocada que había estado...

Una chica cualquiera

Érase una vez, una charca. Era una charca cualquiera, pese a que todos dijesen lo contrario, pues no existía diferencia alguna con el resto de charcas del mundo...
Excepto una cosa.
Decían que en esa charca, vivía un sapo que, al besarlo, se convertía en príncipe; un príncipe tan apuesto y maravilloso que la mente no abarcaba a imaginar.
Una chica cualquiera, una que no se diferenciaba en especial del resto de chicas del mundo, pensó que merecía la pena probar suerte: había conocido muchos sapos que se habían hecho pasar por príncipes, y estaba cansada de ser engañada.
Así pues, se aventuró a acudir a la charca, la cual, en efecto, era como todas las demás. Vagó por el lugar, buscando un sapo que le pareciese más majestuoso, más lindo o más humano que los otros; no obstante, todos le parecían iguales. Pasó el resto de la tarde llevando a cabo algo drástico: se propuso besar a todos los sapos de la charca hasta que uno de ellos se transformase ante sus ojos, deslumbrándola con su encanto, maravillándola con su belleza, haciéndola la chica cualquiera más feliz de la Tierra.
Tras horas y horas de esfuerzo, con los labios ya marchitos y las rodillas rasgadas, desilusionada, se marchó. La chica cualquiera, con lágrimas en los ojos, llegó a la conclusión de que solo existían sapos y que las leyendas de bellos príncipes que iluminaban la vida de chicas como ella eran eso, solo leyendas...

Un imposible

-Buenos días, señorita... ¿qué desea?
-Pues mire, póngame unos gramos de "Divertido", un poco de "Detallista", otro tanto de "Cariñoso" y una pizca de "Impulsivo". A todo esto, si se puede, le añadiré dos puñados de "Romántico" y un trozo de "Apasionado" con toques aromáticos de picardía...
-¡Ah...! Usted va a preparar un Imposible...

Quiero no querer...

Quiero huir de tu lado. Eres como mi enemigo, dulce pero traicionero, que me retiene en una jaula de fantasías y que me susurra palabras de amor entre los barrotes, haciendo promesas de una frustrada libertad. Vivo ahogada en tu mentira, sabiendo que en cualquier instante puedes deshacer la maraña de sueños que me has creado para atraparme en ella y despertar así en la realidad de tu fría ausencia.
Quiero deshacerme de tu influjo. No eres bueno para mí, sé que tu naturaleza es dañina y tus palabras fuera de guión semejan puñales que van perforando mi alma herida. Te alejas, te alejas... pero regresas y regresas, y no puedo negarte la vuelta.
Quiero decidir. Decidir despertar de tu perfecta pesadilla de inconstantes días de ensueño y tormento. Sin embargo, se está tan bien entre estos barrotes...
Quiero saber. Sé cómo acabará todo, pero quiero conocerlo. Tú lo sabes y callas, negándome la salida fácil a una senda sin dolor. Eres egoísta en todos tus aspectos, sobre todo en tu autocomplacencia...
Y, sin embargo, se está tan bien entre estos barrotes...

sábado, 10 de abril de 2010

O esperas o renuncias

Dos opciones: o esperas o renuncias.
Espero renunciando. O renuncio esperando, no lo sé. Esa es mi opción. Porque estoy esperando, he esperado… pero no estoy segura de seguir queriendo hacerlo.
Por ello, renuncio.
Pero luego, cuando ya he dado todo por perdido, me doy cuenta de que secretamente sigo esperando. ¿Tiene esto alguna lógica?
No, por supuesto. Nada la tiene, sino, en mi espera habría encontrado lo que estaba aguardando o habría renunciado tajantemente y para siempre.
Y dicen que si esperas nunca te llega lo que deseas. Entonces nunca me llegará, porque no puedo dejar de esperar, porque no quiero creer que deba acogerme a la desalentadora opción de renunciar.
Y, hasta que no aprenda a olvidarme de la espera, sé que no tendré lo que anhelo. Pero… ¿cómo renunciar del todo, cómo olvidar, si sigo teniendo esperanzas escondidas en mí?
Las esperanzas alimentan mi capacidad de espera. Pero no debo esperar. He renunciado esperando.
Renunciar es la rendición, y no quiero tirar la toalla. Debe quedar algo para mí que esté por llegar.
Ilusa, sí. Pero quiero creer. Aunque creer es tener esperanza, y ésta es alimentar la espera.
Dios mío… estoy condenada a esperar a ese rayo de luz del que he oído hablar pero que nunca he visto con mis propios ojos y que jamás ha entibiado mi piel.
Esperando a un fantasma, vano recuerdo vacío de algo que no puedo recordar por no haberlo vivido.
Qué locura. Sin duda, lo mejor es renunciar. Renuncio… esperando, con esperanzas alimentadas por la creencia de la no-rendición.
Rectifico: lo mejor es olvidarse y seguir sin pensar.